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11 Sep

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Montes-Bradley: His Art. Chat and Experiment.

11 Sep

por Javier Arevalo Rendall

Scroll down for the English version of this interview…

¿Quién es Eduardo Montes-Bradley? Las introducciones largas pecan de aburridas y redundantes. Las etiquetas, los moldes, también. Decir que uno es un profesor, un escritor, un editor o un periodista engloba tantas mentiras y tantas verdades como cualquier otra pregunta de esas que apuntan al centro de uno mismo. Decir que Eduardo es un escritor, sería faltarle a la verdad. Escribe. Como los dioses.  ¿Pero los escritores usan cámaras de video?  ¿Filman los escritores?  ¿Lo hacen bien? Porque Eduardo si lo hace. Filma de y para la gente que quiere y que lo quiere, y para vos. Filma porque le gusta, y se nota. Pero no sería justo llamarlo “director”. Porque los directores,  ¿escriben?

¿Como relacionas tus pasiones vos, el escribir y hacer películas? Tenés procesos creativos similares o son totalmente diferentes?

Entiendo que el objeto central es la documentación. Quiero decir: La pasión está puesta ahí. Si libro o película tiene que ver con la herramienta idónea para cada caso. Por ejemplo: yo no puedo filmar mis sueños de un modo documental sin ficcionar la trama. Llegado el caso, seguramente lo narraría con la ayuda de un procesador de palabras. Pero un viaje es distinto. Caparrós puede contar un viaje con un procesador de palabras, yo necesito cámaras, lentes, baterías. Insisto: la pasión, por así llamar a ese impulso tan complejo, está puesto en la documentación, en la intención de contar lo que uno ve. Se me ocurre que podríamos llamarle “La voluntad del chisme”. Veo, ergo cuento.

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Click. A deux.

11 Sep

by Macarena Bezos and J.A.R.

Difícil encontrar el amor sentada en un sillón, y clasificando a la distancia.

Por principio, descarto automáticamente a cualquier persona que escriba con faltas de ortografía, escriba jeje en vez de jaja cuando se ríe, y se olvide que las frases bien armadas llevan comas, puntos, y signos; tanto de admiración, como de interrogación.

No creo ser exigente. No pongo en duda que una persona inteligente, que me guste,  y que sea capaz de hablar durante horas de cualquier tema con migo (café de por medio), pueda ser un espanto en gramática, y aún así no pierda su encanto. Pero visto y considerando que no encontré todavía un solo ser humano que pueda mantenerme medio boba durante más de seis meses, ó en su defecto, alguien con quien pueda compartir algo más que una interesante y filosófica charla , que termina resultando vacía de contenido, ya que uno con el tiempo descubre que en realidad, ya ni siquiera está buscando defender sus ideas, si no impresionar con la profundidad de pensamiento que uno ya sabe que tiene (o por lo menos cree firmemente tener), y el maravilloso Ejemplar modernizado de Sartre que cree tener enfrente, se convierte en realidad en el enemigo , ese que ni siquiera te da permiso para dejar tu cepillo de dientes en su departamento.

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Azoteando

11 Sep

by Agustina von Arx. Picture by Laura Torres Gandía (www.flickr.com/photos/1parpadeo/)

Hace muchos sabados atras, mientras se nos escapaba la ilusión mundial como agua entre los dedos, Calita disparaba hasta dejar sin aliento el rollo. Su proyecto se llama “Azoteando”, una especie de captura de la libertad del alma a través del movimiento según cómo la vibran diferentes personas en diferentes azoteas del mundo. En Barcelona ya hizo sus fotos (que se pueden ver acá). Y en Argentina, quiso que yo fuera su bailarina. El lugar no podía ser mejor: media cuadra del Obelisco mismo.
La emoción, el placer y el honor son todos míos. Porque siempre quise bailar. Siempre quise hacerlo en Buenos Aires, cerquita de un alfiler blanco. Siempre quise una foto de ese momento. Y mi amiga española, la fotógrafa que más admiro, quien me dejara guardada en su cámara.

Why I Write

11 Sep

by Agustina von Arx

“si ya no existe conexión con los demás

si ya no hay nada que anestesie tu dolor

si no llegás, si no alcanzás a verme,

tirate un cable a tierra”

Fito Paez, cantautor argentino.

No sé. Ni por qué escribo. Ni para qué. O quién. Ni qué pretendo. Mucho menos cuáles son la causa y el objetivo de mis letras.

No soy periodista ni estudio Letras. No pretendo escribir libros y ganar dinero por ello. Nunca fui a un taller literario y, si bien estudio traducción y trabajo constantemente con lenguas, me considero amateur de pura cepa.

¿Qué hago entonces escribiendo sobre la escritura (valga la redundancia)? Haciendo lo mismo que hago siempre que tengo un papel y una lapicera cerca: jugar a ponerle palabras a lo indecible, agrupar sensaciones con puntos y comas, tachar lo que se escapa por los poros, esconder entre renglones el mundo a mi alrededor.

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Two.

11 Sep

There´s two. There´s only two of them. There´s two hearts, two minds, two sets of eyes that feast on each other. Upon that feast, there´s red wine and his favourite French cigarettes. There´s her scent and the sound of love exploding within them. There´s her scent and his happiness. There’s her smile. There’s his. There’s the invisible scars that others have left, and the ones that they intend to leave on each other´s fields. There´s laughter. There’s love exploding and there’s a million flavours. There’s ripe fruit, there’s flowers and there’s all their memories in a split second. There’s a photographic camera in an Italian camera. There’s happiness, and the bitter-sweet taste of a veiled tomorrow.

by Stefania Tagliabue and E.G.L.

Busan, or My Life

11 Sep

by Kim Seong-Eun

A few days ago, mid-spring in South Korea, it started to rain. For the first time in years, I was walking down a street along the beach on a rainy day. The sound of the rain falling on the sea and Stan Getz’s bossa nova really got along well. It was then that I discovered something: I had always thought that the smell of the sea was just salty. However, it was just the opposite. At that time, the special smell of the sea was more attractive than usual. It was unique and it sort of completed the scene. The sea has always been with me and every time it’s like different pictures.

The sea, I have always shared my feelings with. When I feel sad, happy, a bit depressed or just like having a good time. It’s not a particularly beautiful sea, but it’s like an old friend in my life. I don’t really know what’s out there, behind the horizon line. I just can’t guess where the end is, or if there are small islands, sightseeing boats passing by slowly, a lighthouse or fireworks. But they all form part of a lovely picture in my mind.

I was born in Busan, and it’s here where I’ve spent most of my life. Busan is a really comfortable and special place for me. Not only friends and family are here. Here also live the precious memories of my youth. Rather like the two-faced Greek god Janus, Busan is a very quiet and warm place located in the southernmost coast of Korea and a passionate, vibrantly modern city.

In music, it’s great when 2 genres are mixed up. And that’s another reason to love this place: it is as modern as anywhere else in Asia. But it’s got some of the most beautiful vintage markets in this part of the world.

Gangtong market,  ’empty market’ in Korean, is one of the places I often visit. The place triggers warm, familiar memories in the back of my mind. It seems like an acoustic folk song which is easy to listen to. The streets in there have their own atmosphere with vintage things and sweets from faraway lands, sweets, and old second-hand book shops. This market is really old and traditional in Busan. It’s like entering my grand-parents’ house in a way; everything is familiar and comfortable.

There’s also modern Busan. Lots of restaurants, lavish flats, museums and galleries along the sea and the energy that the young and wealthy who live here exude make it a great place to visit. Going for a drive at night, it feels almost eerily quiet and beautiful.

I really believe that the character of a place is determined by the people who live there. Whenever I go on a trip somewhere I can really see this connection, and often it is only by meeting the inhabitants of a place that you can really get to know the city. In the case of Busan, many people look angry and miserable, almost on edge. But once you get to know them you can appreciate the extent of their warmth and love for each other and their wonderful sense of hospitality. These, my people, are the same as Busan.

What does Busan mean for me? Busan is the place which makes me feel calm. In my heart, I can either get rid of or get anything I want. As long as I’m in Busan. It is, at more than one level, a departing point in my life; the point where I can start new things. And like family and friends, Busan always welcomes me back. No matter where I’ve been.