Click. A deux.

11 Sep

by Macarena Bezos and J.A.R.

Difícil encontrar el amor sentada en un sillón, y clasificando a la distancia.

Por principio, descarto automáticamente a cualquier persona que escriba con faltas de ortografía, escriba jeje en vez de jaja cuando se ríe, y se olvide que las frases bien armadas llevan comas, puntos, y signos; tanto de admiración, como de interrogación.

No creo ser exigente. No pongo en duda que una persona inteligente, que me guste,  y que sea capaz de hablar durante horas de cualquier tema con migo (café de por medio), pueda ser un espanto en gramática, y aún así no pierda su encanto. Pero visto y considerando que no encontré todavía un solo ser humano que pueda mantenerme medio boba durante más de seis meses, ó en su defecto, alguien con quien pueda compartir algo más que una interesante y filosófica charla , que termina resultando vacía de contenido, ya que uno con el tiempo descubre que en realidad, ya ni siquiera está buscando defender sus ideas, si no impresionar con la profundidad de pensamiento que uno ya sabe que tiene (o por lo menos cree firmemente tener), y el maravilloso Ejemplar modernizado de Sartre que cree tener enfrente, se convierte en realidad en el enemigo , ese que ni siquiera te da permiso para dejar tu cepillo de dientes en su departamento.

Entonces  volvemos a caer en la rutina. Empezamos de vuelta con la actitud ¨te-mando-un-mensaje-de-texto¨ que termina convirtiéndose en  ¨te-llamo-cuando-tengo-necesidad-de (complete aquí con lo que corresponda) ¨

Basta. Me cansé. Me cansé de los carilindos estudiantes que solían obnubilarme con brillantes frases de amor vacías. Me cansé de las promesas que en el fondo, siempre sé que son incumplibles. Me cansé de los modelitos preocupados más por su imagen, que por mí. Estoy harta de los músicos que solo buscan una musa inspiradora para poder grabar un demo como la gente, y pretenden ser descubiertos cómo revelación del año, por escribir otro tema de amor cliché; no voy a negar que una se quiere cortar las venas con una galletita de agua cuando este músico falto de inspiración no pudo tocar un solo acorde en la guitarra teniéndote enfrente y en pelotas, pero encontró en tu mejor amiga una Curtney Love que lo catapultó a la fama en cinco minutos, y después tenés que bancarte ver en su CD el nombre de la minita en cuestión, en negritas, agradeciéndole ser su musa inspiradora. Pero eso es otra historia.

En definitiva, después de hacer un racconto de mis frustraciones, y aprovechando el lluvioso Domingo que tenía por delante, encendí la computadora, me tiré en el sillón con una enorme taza de café y un atado de cigarrillos, y decidí buscar en la web una mascota.

¿En qué momento de la vida una decide comprarse un caniche?

Definitivamente, en este momento indefinido.  Justo yo, que odio sobremanera cualquier tipo de can. Justo yo, que le había jurado a mi gata siamesa Úrsula que iba a ser la única reina de la casa. ¿Dónde habían quedado mis principios? ¿Dónde estaba la fidelidad a mis valores? Definitivamente, me estaba yendo al carajo.

Para cuando pude terminar de analizar todo esto, el café ya estaba frío, y el cenicero, lleno.

Me levanté, vacié el cenicero, me preparé otro café, y volví a mi estado de ameba en el sillón.

El aburrimiento me estaba consumiendo.  Necesitaba un plan B. el caniche definitivamente no era una opción.

Entré de casualidad, revolviendo páginas para matar la inactividad. Entré a uno de esos foros multitemáticos, en donde se juzga a los demás por lo que tienen en su cabeza, y no por su imagen. Donde se toma en cuenta la rapidez mental, y las ideas claras, donde uno puede llegar a conocer al otro en su pura esencia, donde lo único que valen son las palabras, las ideas, la expresión.

Por Dios, es sólo un foro. ¿Qué me pasa hoy?  Definitivamente, mi cabeza era Kosovo II.

Buscando, revisando, sin saber bien que pretendía encontrar, lo ví. Sin saber que iba a terminar siendo  mi pequeña epifanía.  Su gramática era impecable, se dirigía a todos con respeto, sabía mucho de todo, argumentaba sobre cualquier cosa con fundamentos claros, y escribía jaja en vez de jeje. No lo podía creer. Apenas pude contener el impulso de publicar en un foro de Política que necesitaba urgentemente contactarme con Él.  Repetí mi mantra ¨ ¿realmente necesito avanzar un pibe?¨  como la respuesta no me gustaba, la cambié, y me auto convencí que no era necesario.

En ese momento me propuse el objetivo de que me encuentre. Que me note, que se enterara  de mi existencia, y necesitara mis palabras tanto como yo necesitaba las suyas, o las de cualquiera. Necesitaba que no me mintieran, ni me decoraran situaciones con adornos hechos de burbujas, que revientan a la más mínima corriente de aire. Necesitaba que no me construyeran castillos en el aire. Desesperadamente estaba buscando algo más real que una persona. Irónicamente estaba recurriendo a una computadora para apaciguar mis carencias afectivas.

Nunca. Nunca jamás o casi nunca, aunque creo que más bien nunca. Nunca me convenció el tema este de encontrar gente online. Encontrar qué? Que es lo que se encuentra mientras más se busca? En realidad, nada de lo que uno busca en serio. O al menos no en serio, en realidad. A mis nuevos treinta mira hacia atrás y agradezco que todo sea una nebulosa más o menos difícil de distinguir. Sobresalen varios viajes por Latinoamérica, unos meses en África construyendo escuelas y lavando culpas y Japón de a por semanas, aquí y allá a lo largo de años. Sobresalen un  par de sombras que ahora no tienen nombre, un divorcio y los cientos de libros que supe acarrear de ciudad a ciudad y a través del océano. Sobresalen las contradicciones de quien usa su i-phone, su i-pod y su i-pad para simular comunicarse, pero en realidad gusta de encerrarse en un cuarto con un paquete de Gauloises y una botella de vino tinto y una máquina de escribir del 26 y sus miedos y sus contradicciones y sus cuadernitos y sus pecados y sus pequeñas glorias encerradas para siempre en marcos fotográficos. Sobresale un domingo a la noche, una discusión y otra relación que se va como en un bólido y cierra la puerta y una botella de escocés sin pretensiones. Sobresalió entonces la pantalla de la maquina, que parpadeaba y también un “por qué no?”. Después la búsqueda a tientas por un salón de chat que sea respetable pero no tanto, la de un nick que llame la atención pero tampoco tanto y la espera. Un par de tragos, un Gauloise. Lo que sobresale, entonces, es el nombre de ella en una ventanita que no se calla. Clic.

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